Este post no hará mas que llegar sin dudas, a las personas a las que se encuentra dirigido: a los artistas. Si bien como toda comunicadora se pretende llegar a todos, solo un artista comprende al otro, porque los cantores se buscan por la tonada, porque alguien en este mundo solo comprende al otro cuando se ve reflejado.
Argentina es un país maravilloso. Y me la banco, me hago cargo, y difiero con cada uno de ustedes si quiere debatir lo contrario, y estoy dispuesta a abrir ese debate. Y no solo me refiero a cuestiones geográficas, o por nuestros recursos naturales ricos y abundantes, sino, de una manera cultural, al acceso que existe en la educación, la virtud mas grande que puede poseer una sociedad.
Contamos con escuelas secundarias y primarias,expresada por la estadística mas reciente,de aproximadamente 50 mil establecimientos , y lo que es mas importante: institutos terciarios y universitarios no pagos de un ascenso histórico en estos últimos 10 años.
El error, si vamos a un punto reflexivo exaustivo, es la naturalización. Es un error que desencadena las peores premisas en la historia, es el consenso de la sociedad que acepta ser un instrumento de los sectores de poder. El error está en no mirar mas alla de nuestra caja de cristal, porque si observaramos otros sistemas educativos, en un ejemplo ajeno del nuestro como el estadounidense, muchos caeríamos en la riqueza que tenemos en nuestras manos, pero que se nos hace creer que es bijouterie.
Esto sucede con el arte, y con todos los institutos de educación artística. Esto es lo que nos hace tan afortunados, pero sin la posibilidad de estar concientes de ello. El que escribe, pinta, danza, interpreta y crea música, es dueño de un don sin dudas, ¿Pero como algo tan accesible, al que cualquiera cualquiera puede entrar, puede valer? ¿Cómo inmersos en un capitalismo se puede lucrar con el arte, como nos ganamos la vida?. Es inutil, les dirán. Es una utopía, debatirán otros.
El ejemplo está a la vista, el hecho social material que necesitamos para no desalentarnos. Y aquí es cuando les hablo de Astor Piazolla, el músico mas grande a nivel mundial que existió en la Argentina, al que se le acusó de no tener talento y no comprender las exigencias del mercado. Piazolla, mis queridos artistas, es nuestra competencia, incluso nuestro modelo. Si se paga por frivolidades en este mundo, es una obligación pagar por el arte. El cambio no lo hace el mercado, el cambio lo hacemos nosotros. El poder social puede ser inmenso si solo repararamos que la felicidad es parte de nuestra existencia, y hacer lo que nuestras emociones digan en el arte es por lo que se debe apostar. El trabajo del artista es puramente emocional.
Hermana de un músico que vive de la música, conciente de los grupos de docentes de arte que ganan su pan creyendo en lo que hacen, su constancia los llevará a los mas grandes escenarios del mundo, y a el colapso de estas medidas de poder. Artistas que viven del arte, de sus emociones, cuando nadie creyo que se podría.
Se comienza por pensar que es un desvarío. Y luego en la profundidad, verán que las cosas cada uno de nosotros podemos hacerlas posibles.