martes, 24 de junio de 2014

La idealización de instituciones: el valor de un título académico sobre otro.




Cuando escribo estos tipos de post, trato de no dejarme llevar por las pasiones, cosa que nos resulta dificil a las personas que hacemos Ciencias Sociales al nutrirnos de ideologías y posturas, por lo que muchas veces la palabra "ciencia" no hace más que resultarnos un suplicio para el pensamiento propio. Pero aquí nos encontramos, en los objetos sociales que son la materia de estudio que buscamos transformar y conocer, y que a diferencia de las demas personas, y si bien el conocimiento muchas veces termina por ser muy subjetivo porque resulta imposible encontrar que sea exacto, es que tratamos de ir mas allá del sentido común, porque trabajamos con la palabra, y solo podemos jerarquizarla yendo un paso más de lo que muestra. Por lo tanto, los comunicadores, sociólogos, trabajadores sociales, relacionistas públicos, entre otros, realizamos esta tarea del modo mas profesional que nos es posible, razón por las que se nos repudia, o muchas veces, también se nos admira.
De este modo, lo que aclaro desde el comienzo de este artículo es que evidentemente trabajo sobre una posición ideológica, pero me baso sobre información que recolecto hace semanas, y no pretendo que nadie se sienta ofendido, sino mas bien que se abra un debate.

La vida académica, si vamos al caso, es una travesía repleta de incertidumbre. Desde ya en el momento que se toma la decisión de subirse a ese barco, muchos abandonan antes de empezar. He expresado en escritos anteriores que la educación es la mas grande herramienta que puede brindársele a un pueblo, lo que define nuestras cosmovisiones e interpretaciones, la que nos convierte en profesionales y nos permite percibir la realidad. Siendo tan importante, tan rica, ¿por qué se desvaloriza? ¿por qué ese desprecio de un título hacia otro?.
La educación, señores, en Argentina hoy es una sola.  Las personas tenemos iguales condiciones académicas. Nueve universidades abiertas en estos últimos 10 años con millones de solicitantes. Desde mi universo institucional, la Universidad Nacional de La Matanza (UnLaM) con 50.000 matrículas, desde un lugar privado del conurbano, la Universidad de Morón (UM), 15.000, yendonos hacia la ciudad autónoma: la Universidad de Buenos Aires (UBA), con 250.000. Cifras importantes para personas que según los sistemas neoliberales, no valía la pena invertir frente al bajo nivel e interés de la comunidad. Y esto es solo una parte de los números en provincia y en el centro, sin expandirnos, además, a los niveles terciarios de formación. Los números terminan por ser interminables en direcciones estadísticas.
Cada estudiante de su respectivo establecimiento, luchando por un título que a la hora de seleccionarse uno resulta mas importante que otro, a pesar de tratarse de la misma carrera, con las mismas dificultades y material de lectura, siempre existe una cuestión prejuiciosa de quién está mejor preparado. Ahondar en la cuestión específica de oportunidades y barreras en cada institución, haría que esto sea interminable, pero siempre se trata del prestigio, del reconocimiento social y de quien puede pagar o no una mejor educación.
Lo que se necesita observar es que es necesario parar de hablar y de suponerse una educación de elites y de proletariado, repito que la misma es una sola, es indignante que esté la subestimación, sobretodo en los sectores académicos pertenecientes a provincia, como si fueramos los pobres queriendo alcanzar un conocimiento que no les pertenece, que merecemos hunidirnos en la repleta ignorancia a las actividades serviles de un movimiento dominante.
Al estar cerca de las 2 perspectivas ,frente a personas tanto de bajos recursos como de una gran estabilidad económica, con sus universos tan propios y con características tan conocidas, y que poseen esa diferencia de los que se levantan a las seis de la mañana y que a vuelven a sus hogares a las doce de la noche para lograr sus fines laborales tanto como de estudio, es evidente cual de estos sectores merece el reconocimiento. Son aquellas personas que no son ricas en lo que material se refiere, pero que debe imitar cada uno de nosotros, porque la riqueza verdadera está en la autosuperación. Las universidades son los motores de defensa contra una sociedad cada vez mas corrompida, un medio que nos da el mejor de los finales, y que se justifica como la mejor elección día a día en la vida mía como la de todos mis compañeros.
Si a cada uno de nosotros nos cuesta cada día construir nuestro futuro, solo nosotros sabemos el valor que tiene, y nadie mas puede decirnos lo contrario.



martes, 10 de junio de 2014

La desvalorización del arte




Este post no hará mas que llegar sin dudas, a las personas a las que se encuentra dirigido: a los artistas. Si bien como toda comunicadora se pretende llegar a todos, solo un artista comprende al otro, porque los cantores se buscan por la tonada, porque alguien en este mundo solo comprende al otro cuando se ve reflejado.

Argentina es un país maravilloso. Y me la banco, me hago cargo, y difiero con cada uno de ustedes si quiere debatir lo contrario, y estoy dispuesta a abrir ese debate. Y no solo me refiero a cuestiones geográficas, o por nuestros recursos naturales ricos y abundantes, sino, de una manera cultural, al acceso que existe en la educación, la virtud mas grande que puede poseer una sociedad.

Contamos con escuelas secundarias y primarias,expresada por la estadística mas reciente,de aproximadamente 50 mil establecimientos , y lo que es mas importante: institutos terciarios y universitarios no pagos de un ascenso histórico en estos últimos 10 años.

El error, si vamos a un punto reflexivo exaustivo, es la naturalización. Es un error que desencadena las peores premisas en la historia, es el consenso de la sociedad que acepta ser un instrumento de los sectores de poder. El error está en no mirar mas alla de nuestra caja de cristal, porque si observaramos otros sistemas educativos, en un ejemplo ajeno del nuestro como el estadounidense, muchos caeríamos en la riqueza que tenemos en nuestras manos, pero que se nos hace creer que es bijouterie.




Esto sucede con el arte, y con todos los institutos de educación artística. Esto es lo que nos hace tan afortunados, pero sin la posibilidad de estar concientes de ello. El que escribe, pinta, danza, interpreta y crea música, es dueño de un don sin dudas, ¿Pero como algo tan accesible, al que cualquiera cualquiera puede entrar, puede valer? ¿Cómo inmersos en un capitalismo se puede lucrar con el arte, como nos ganamos la vida?. Es inutil, les dirán. Es una utopía, debatirán otros.




El ejemplo está a la vista, el hecho social material que necesitamos para no desalentarnos. Y aquí es cuando les hablo de Astor Piazolla, el músico mas grande a nivel mundial que existió en la Argentina, al que se le acusó de no tener talento y no comprender las exigencias del mercado. Piazolla, mis queridos artistas, es nuestra competencia, incluso nuestro modelo. Si se paga por frivolidades en este mundo, es una obligación pagar por el arte. El cambio no lo hace el mercado, el cambio lo hacemos nosotros. El poder social puede ser inmenso si solo repararamos que la felicidad es parte de nuestra existencia, y hacer lo que nuestras emociones digan en el arte es por lo que se debe apostar. El trabajo del artista es puramente emocional.




Hermana de un músico que vive de la música, conciente de los grupos de docentes de arte que ganan su pan creyendo en lo que hacen, su constancia los llevará a los mas grandes escenarios del mundo, y a el colapso de estas medidas de poder. Artistas que viven del arte, de sus emociones, cuando nadie creyo que se podría.

Se comienza por pensar que es un desvarío. Y luego en la profundidad, verán que las cosas cada uno de nosotros podemos hacerlas posibles.

Entrevista a Erika Mech, Directora del ensamble coral del Conservatorio Alberto Ginastera.

Una entrevista que realicé el año pasado para gráfica. Una genial persona y una excelente profesional, espero que les guste.




Por Bárbara Almada

La música es el abstracto más bello de expresión que existe desde épocas antiguamente históricas, remontándose a melodías tan significativas de Mozart con la Marcha turca o Beethoven con el Himno a la alegría, y es percibida hoy como algo que no muere por el paso del tiempo sino que se renueva.
Erika Mech es parte de ese mundo, y precisamente en plena clase de práctica coral en el Conservatorio Alberto Ginastera, le respondió algunas preguntas a “El 1”, con el sonido deleitante de un piano en el fondo y un canto lírico que estremecía cada uno de los poros de la piel.
Mech se acomodó en una de las aulas del instituto, rodeada de un piano y varios atriles usados por alumnos y por el ensamble coral, donde está al frente como directora. “Son un grupo divino, se ayudan un montón” afirmó la profesora, calificándolo como un hermoso combo de diversidad, instrumentistas y cantantes.
Además, la mujer expresó que “todos los años son distintos, con cosas nuevas, es enorme lo que se logra, y está buenísimo. Después –dijo- hasta se mezclan las carreras, un instrumentista ve a su director y quiere dirigir, o el que dirige ve como toca alguien el piano y le interesa ser instrumentista, se empiezan como a contagiar”.


Un instrumento musical humano

A diferencia de una orquesta con instrumentos, el coro se asemeja al trato con un grupo humano grande que posee la misma finalidad que es el hacer música. “El director de coro hace sonar voces, y el director de orquesta hace sonar instrumentos”,aclaró la coreuta.
La técnica de la música académica es compleja. Así lo expresó está directora, que prefiere trabajar con estudiantes antes que con profesionales, en la afirmación de que el ego de los coristas recibidos no le genera tanta calidez como un alumno principiante que canta su primera obra, y de la que ella tiene el honor de poder hacérsela aprender.
“Acá tenemos un ensayo por semana –señaló- Hay dos patas fundamentales, la primera es la técnica vocal, para que no se lastimen, que aprendan a cantar y que usen la respiración. Estas voces-apuntó- tienen que sonar para lograr un lindo sonido, la segunda es la dirección, para que la sepan cantar, que interpreten un estilo a través de un repertorio”.
A partir de allí, con una preparación desde marzo, el coro comienza a sonar en septiembre, donde nace la música de la manera más florida a los oídos del público en los escenarios institucionales.“Es la parte mas linda del año, que se disfruta, después termina y es volver a empezar, y algunas obras quedan para otros años”, describió.


Una travesía innovadora


Los siete años de Erika Mech frente al ensamble coral son solo un capítulo de su amplia trayectoria en la música. Egresada de la casa Ginastera, afirmó “haber pasado por todos los lugares habidos y por haber”, ya sea tocando el piano, cantando, como asistente o como jefa de cuerdas, en escenarios de Europa, Grecia e Italia.“Eso me da una mirada enorme” –sostuvo-”Me falta un montón, pero esto es eterno igual”.
La dirección coral, donde se desenvuelve, requiere una preparación intensa
aproximadamente de 8 años, en la que se exige un conocimiento de lenguaje, apreciación, y el dominio de un instrumento musical, por lo que explicó qué “tenés que tener un conocimiento técnico, de las voces, saber cantar, lo que vas a corregir día a día, lo tenés que dominar”.
El movimiento corporal de un director es una materia absolutamente relevante que requiere un conocimiento técnico y se pone en práctica cuando las obras se presentan frente al público, indicando los matices requeridos con la voz y la interpretación que se está poniendo en escena.”Esta carrera es nueva, no es antigua ni nada, no tiene 100 años-sostuvo Mech-pero no esta tan profesionalizada, técnicamente hablando”.
El material de la dirección coral escasea, si bien hay algunas partituras de instrucción, no abundan como lo son para un instrumentista, por lo que el coro es mucho mas experimental. “Esto se va armando, te lo da mucho la experiencia-aseveró-tiene que ver con tu avance en la carrera, los coros que dirigís y la experiencia que tenés, saber lo que te sirve mas o no, para saber manejarte”.


El Coro Argentino


En el país se cuenta con aproximadamente 170 coros, de los cuales 2 de ellos son reconocidos mundialmente, como El Coro Argentino de Bs As y el Estudio Coral Arsis, partícipes de festivales como América Cantat 7, conocido en el ambiente clásico como el más grande festival de artistas, que reúne más de 1500 provenientes de los cinco continentes.
La directora expresó:“Nosotros tenemos hermosos coros, pero cuesta por una cuestión económica ser reconocidos afuera, por decir Europa, a la gente de allá les pagan por ir a cantar. Acá-sostuvo- los directores viven más como docentes que como directores, en la mayoría de los casos el director ni siquiera cobra. Son muy pocos los lugares en los que tenés espacio”.
No obstante, precisó “Con los años mejoró un montón, pero sigue siendo como de onda, no tenemos un organismo específico que nos dé el lugar, y por ahí tenés algúna persona que te cantó 5 años, y de repente se va, porque obviamente no puede vivir de eso. Entonces-indicó- como director te vas manejando con lo que tenés, con lo que viene, y eso es complicado” .
La música, con su belleza plenamente humana, imperfecta pero compleja como sus propios creadores, puede reflejarse en esta directora que regresa al aula con sus alumnos e invita a “El 1” a presenciar la clase, donde nuevamente puede percibirse, que en el Conservatorio Ginastera, a pesar del poco espacio que existe en Argentina para expresar el arte, con que algunos lo amen es más que suficiente.