Cuando escribo estos tipos de post, trato de no dejarme llevar por las pasiones, cosa que nos resulta dificil a las personas que hacemos Ciencias Sociales al nutrirnos de ideologías y posturas, por lo que muchas veces la palabra "ciencia" no hace más que resultarnos un suplicio para el pensamiento propio. Pero aquí nos encontramos, en los objetos sociales que son la materia de estudio que buscamos transformar y conocer, y que a diferencia de las demas personas, y si bien el conocimiento muchas veces termina por ser muy subjetivo porque resulta imposible encontrar que sea exacto, es que tratamos de ir mas allá del sentido común, porque trabajamos con la palabra, y solo podemos jerarquizarla yendo un paso más de lo que muestra. Por lo tanto, los comunicadores, sociólogos, trabajadores sociales, relacionistas públicos, entre otros, realizamos esta tarea del modo mas profesional que nos es posible, razón por las que se nos repudia, o muchas veces, también se nos admira.
De este modo, lo que aclaro desde el comienzo de este artículo es que evidentemente trabajo sobre una posición ideológica, pero me baso sobre información que recolecto hace semanas, y no pretendo que nadie se sienta ofendido, sino mas bien que se abra un debate.
La vida académica, si vamos al caso, es una travesía repleta de incertidumbre. Desde ya en el momento que se toma la decisión de subirse a ese barco, muchos abandonan antes de empezar. He expresado en escritos anteriores que la educación es la mas grande herramienta que puede brindársele a un pueblo, lo que define nuestras cosmovisiones e interpretaciones, la que nos convierte en profesionales y nos permite percibir la realidad. Siendo tan importante, tan rica, ¿por qué se desvaloriza? ¿por qué ese desprecio de un título hacia otro?.
La educación, señores, en Argentina hoy es una sola. Las personas tenemos iguales condiciones académicas. Nueve universidades abiertas en estos últimos 10 años con millones de solicitantes. Desde mi universo institucional, la Universidad Nacional de La Matanza (UnLaM) con 50.000 matrículas, desde un lugar privado del conurbano, la Universidad de Morón (UM), 15.000, yendonos hacia la ciudad autónoma: la Universidad de Buenos Aires (UBA), con 250.000. Cifras importantes para personas que según los sistemas neoliberales, no valía la pena invertir frente al bajo nivel e interés de la comunidad. Y esto es solo una parte de los números en provincia y en el centro, sin expandirnos, además, a los niveles terciarios de formación. Los números terminan por ser interminables en direcciones estadísticas.
Cada estudiante de su respectivo establecimiento, luchando por un título que a la hora de seleccionarse uno resulta mas importante que otro, a pesar de tratarse de la misma carrera, con las mismas dificultades y material de lectura, siempre existe una cuestión prejuiciosa de quién está mejor preparado. Ahondar en la cuestión específica de oportunidades y barreras en cada institución, haría que esto sea interminable, pero siempre se trata del prestigio, del reconocimiento social y de quien puede pagar o no una mejor educación.
Lo que se necesita observar es que es necesario parar de hablar y de suponerse una educación de elites y de proletariado, repito que la misma es una sola, es indignante que esté la subestimación, sobretodo en los sectores académicos pertenecientes a provincia, como si fueramos los pobres queriendo alcanzar un conocimiento que no les pertenece, que merecemos hunidirnos en la repleta ignorancia a las actividades serviles de un movimiento dominante.
Al estar cerca de las 2 perspectivas ,frente a personas tanto de bajos recursos como de una gran estabilidad económica, con sus universos tan propios y con características tan conocidas, y que poseen esa diferencia de los que se levantan a las seis de la mañana y que a vuelven a sus hogares a las doce de la noche para lograr sus fines laborales tanto como de estudio, es evidente cual de estos sectores merece el reconocimiento. Son aquellas personas que no son ricas en lo que material se refiere, pero que debe imitar cada uno de nosotros, porque la riqueza verdadera está en la autosuperación. Las universidades son los motores de defensa contra una sociedad cada vez mas corrompida, un medio que nos da el mejor de los finales, y que se justifica como la mejor elección día a día en la vida mía como la de todos mis compañeros.
Si a cada uno de nosotros nos cuesta cada día construir nuestro futuro, solo nosotros sabemos el valor que tiene, y nadie mas puede decirnos lo contrario.