Poesía de bolsillo, amor físico
orgasmos breves de inspiración nula.
Nací muy temprano.
En las mañanas caminaba por las calles calidas y melodiosas de Berlín, mientras planeabamos conciertos junto a Bach. Yo solo quería tocar, el quería aprender. No lo conformaban un par de movimientos que extrenaríamos en Branderburgo, el allegro, allegro moderatto... si que era exigente con sus cosas...
Mis mediodías eran políticos. Adorno me hablaba de su teoría de los medios, mientras yo bebía cogñac.
Detestaba la bebida, y más aun las incertidumbres ajenas. Mi cuerpo expresaba el desacuerdo de su subversión, pero el no: Quería luchar. Mientras pagaba al mozo, no sabía que sería la ultima vez que lo vería. Echaría de menos Frankfurt.
Cuando viajaba visitaba el Nilo por largas horas, y contemplaba la dicha del crepúsculo. Un maravilloso sitio de escritura, de tranquilidad, y sobretodo, podía pensar en mi solamente. Fumaba pipas con las que mi mente levitaba, haciendo luego garabatos en un pápiro. El lenguaje abstracto de mi alma.
Luego llego ella, una revolucionaria, que conquistaba imperios y corazones. Se sentó junto a mi en el Nilo y lloró. Estaba sola, y el emperador no la oía. Le di consejos, los que estaban a mi alcanze, y me excusé con una exposición de pintura al día siguiente.
Despues de todo aquello te conocí, no recuerdo muy bien cómo, pero presiento el porqué. Ya no fumo pipa, sigo dando conciertos, y recuerdo vagamente esos personajes del pasado. Algo de tu esencia me obligó a olvidar.
No escribía mucho en esa época, ahora no lo puedo evitar.