sábado, 24 de septiembre de 2011

Melodías

 Algunos, lo llaman naturaleza
otros, lo llaman Dios.





Hay canciones que nos llaman
que nos recuerdan, que nos transportan a viejas épocas...
que nos atraen con sus acordes, con sus cadencias y resoluciones
con las voces de los interpretes, con sus instrumentos y definiciones.
Hay canciones que nos llaman, pero no son esenciales
que narran historias de un dulce recuerdo o amargo y recepcionamos de maneras diversas
hay acordes que nos infunden la osadía de dejarnos manejar por ellos
acordes que nos llevan como el viento, con cuerdas, con teclas, con trastes, octavas, bemoles o sostenidos.
Nada mejor que sentarse frente a esa partitura y darle tu mejor toque
y crear, dibujar, soñar, experimentar y vivir el momento
nada mejor que disfrutar ese total descontrol barroquiano
excepto que te enfrentes a un Chopin o un Chaivkoski.
Pero de pronto llega tu concierto, y queda allí, en el tiempo
no importa si es el mismisimo de Aranjuez o Chacona de Bach:
no toques lo mismo dos veces.
Es ese el momento que crecés, cuando guardas tu partitura
sus sistemas, su técnica y expresividad
para tirarte a algo mas, lo que realmente se debe apostar...
tocandole la cara, sonriendole, y dejandola ir.